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Kandinsky

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Cada obra de arte proviene de una necesidad interna del alma. La verdadera obra de arte nace del artista: una misteriosa, enigmática y mística creación. Se separa de él, adquiere vida propia, se transforma en una personalidad en sí misma; un sujeto independiente animado por un viento espiritual, el vivo fundamento de una verdadera existencia humana. Wassily Kandinsky (1866-1944)

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Tema elegido en el Laboratorio (TDL/2006-2007)

La atracción por Kandinsky reside en parte en la sensación de cercanía a nuestro universo de creación y su atractivo espiritual.

La sugerencia pura de composición de sus pinturas, la riqueza en términos de trazos, volúmenes, colores, dinámica, espacios y su sentido sensorial en general compone los elementos ideales para un encuentro creativo entre coreógrafos, bailarines, músicos y demás artistas que formarán parte del proyecto.

Su condición sinestésica (relación entre colores, sonidos, formas y movimientos) nos aporta datos interesantes y nos propone una predisposición de otro tipo de sensibilidad, enriquecedora para nuestra investigación. Así como su relación con la técnica de composición del dodecafonismo que históricamente procede de manera directa del “atonalismo libre”, y surge de la necesidad que había a principios del siglo XX de organizar coherentemente la ausencia de tonalidad (habría que llamarla mejor pantonalismo) que había producido algunos músicos a fines del siglo XIX.

A la vez, existe un paralelismo y una necesidad de creatividad muy parecida al movimiento de la danza expresionista que nació en el contexto de la agitación de las grandes vanguardias europeas de comienzos del siglo XX. La danza tradicional, vinculada con el ballet clásico, fue transformada mediante la nueva estética de movimiento corporal donde no impera ya el valor de la métrica, el ritmo, los saltos y pasos previamente establecidos. En la danza expresionista se recupera el movimiento libre, una interacción más dinámica con el espacio, y la posibilidad de la autoexpresión corporal.

Las ideas de Rudolf Laban (inicios de la danza expresionista) son parecidas a las de El Jinete Azul (movimiento al que perteneció Kandinsky), ya que en ambos hay un intento de captar la esencia espiritual de la realidad. Además, en ambos movimientos hay un rechazo a lo que el mundo tiene para ofrecer: la sed de poder, el avance de las máquinas y el clima de guerra. El expresionismo, tanto en danza como en pintura, acepta el lado oscuro del hombre. El ser humano ya no es solo bello y estilizado.

Todo esto se nos antoja estremecedoramente próximo y contemporáneo.

El proyecto asociado a este tema es:

Cuerpos Kandinsky. Concierto para piano y cinco cuerpos.